La tensión aparece cuando el raciocinio, que debería iluminar, explicar y ordenar la realidad, convive con una ocultación que no es natural ni casual, sino deliberada: lo que se silencia, lo que se borra, lo que se decide que no debe verse.

Invisibilización institucional

Que mi obra aparezca en listados, archivos o referencias internacionales, mientras en mi propia tierra se ignora, no es una casualidad: es el síntoma de un ecosistema cultural poco profesionalizado y profundamente endogámico.

En Navarra y en Pamplona, los departamentos de Cultura han funcionado históricamente bajo criterios cerrados, dependientes de redes personales, afinidades políticas o estéticas, y una tendencia persistente a repetir siempre los mismos nombres. Esta dinámica genera varios efectos:

  • Falta de reconocimiento hacia artistas que trabajan fuera de los circuitos oficiales o que no encajan en las estéticas dominantes.
  • Ausencia de archivo y documentación sobre prácticas contemporáneas, especialmente en performance, arte de acción y arte experimental, que requieren atención especializada y voluntad de registro.
  • Dependencia de “expertos” que no investigan, sino que reciclan lo ya canonizado, la forma más cómoda de evitar la renovación y la crítica.

Mi experiencia confirma que existe una desconexión real entre la creación contemporánea navarra y sus instituciones culturales. Esa desconexión produce silencios, olvidos y omisiones que, con el tiempo, obligan a que la información sobre ciertos artistas y prácticas se recupere desde fuera, como si lo propio necesitara validación externa para existir.

Mientras tanto, algunos se irán de weekend a la Feria de ARCO creyéndose modernos, pero el refranero es claro: aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Otro interesante articulo en el HORDAGO - La edición vasca del proyecto periodístico El Salto.-

¿Arte contemporáneo en Navarra? Revisando un oxímoron